Oda a Sacaba
Llega el alba, y con aquella solitaria
dama,
la esperanza de un mejor mañana,
uno a uno afanado el sembrador se despierta
para sembrar esperanza en sus fértiles
campos,
con la aurora dedicarle el canto
bello en su día.
Sacaba, ¡tierra de hombres forjadores!
de costumbres milenarias y
en sus campiñas el vergel sagrado,
donde la rica chicha no se acaba,
o el crocante chicharrón nunca
falta.




