En el ocaso del 19/10/2025
Al final del día, después de veinte años de un sistema
tramposo insertado por un régimen político “socialista” en el país, desde ahora
es la transición del nuevo, también entre comillas “lineamiento… de gobierno
capitalista privatizador”, desde otro ángulo por estudiosos en este campo
catalogado como “centroderechista”.
A ver, esperemos qué pasa desde la posesión de este nuevo
régimen de esperanza para al menos, 54% de bolivianos electores.
Después de todo, la democracia en su máxima expresión ganó
en todo el país, es lo que cuenta en el obrar de cada boliviano, quien celebra
con bombo y sonaja, hasta con el estallido de petardos. Para Bolivia, un nuevo
amanecer.
A pesar de este inesperado giro…, a cinco días
transcurridos…
La eminente guerra
‘económico – político – social’ continúa
⟨al final, nada está caro, todo es especulación⟩
De mucho tiempo aquí, hago hora en la terminal terrestre de
la ciudad de Potosí, escucho voces, bulla de hombres y mujeres ofreciendo
servicios de transporte interdepartamental, común por estos lugares.
Mentalmente hago un repaso, hasta por lo menos hace medio
año, el costo de los boletos era accesible para todo bolsillo, y a los
departamentos más cercanos, el flujo de salidas constante, o por lo menos cada
hora.
Sin embargo en estos últimos tiempos, el panorama es
distinto; no solo en este sector, sino a nivel nacional se ha globalizado el
problema, «económico – político – social» como que la sociedad ha
perdido el rumbo, ingresando al imaginario del extravío, naufragando en una
especie de psicosis inducida, ahogándose en la paranoia promovida por un
régimen privilegiado de poderío económico y político, de modo este sector
pudiente convirtiendo en una utopía el intentar regresar a la normalidad, por
hacer creer que nos hallamos bajo el régimen gubernamental erróneo, éste que
después de perpetuarse en el poder por más de veinte años, por fin parece
terminar su ciclo también, tramposo.
Una gran mayoría ha sido convencida, y es por causa de este
régimen la inestabilidad en general que atraviesa el país entero. Mientras que
los políticos de izquierda y derecha, incluso los de centro se tiran las
pelotitas, lo mismo los oportunistas sádicos, intentan sacar el máximo provecho
en cuanto al poder adquisitivo, empedernidos ellos al compás de la inestable
situación nacional.
Es cuando también en este preciso momento me acuerdo de un
personaje sobresaliente en las páginas de un libro, él es don Pedro Ramírez
Guzmán, hacendado con visión integrista; no populista, quien luchó por la
igualdad social y la justicia en comunidad. Luchó por conservar la
complementariedad, de ese modo desechando de su filosofía la competitividad. Un
visionario justo con sus semejantes. Lo narra en el libro que lleva por título
su nombre.
En este momento al recordarme de él, en silencio me
pregunto: ¿Cómo reaccionaría, o cuál sería su opinión sobre los últimos
acontecimientos que se suscitan en el país, sí él estaría con vida en este
preciso instante?
Desde sus tiempos hasta los de ahora, el sistema en la
sociedad se ha transformado, lamentablemente la «complementariedad» de sus épocas, es «competitividad» en estos momentos,
donde el más fuerte se devora al débil, el de privilegios pisotea al marginado.
Al extremo que el poderío económico se ha apropiado de
vastas necesidades, inventando recursos en los que apoyarse para consumar su
ansia de obtener más recurso adquisitivo, y al final, perdiendo el valor humano,
no siendo nada, no existiendo más como hombre, ni como mujer; solo siendo un
simple autómata, dominado por ese poder de querer más, incluso por encima de la
sangre de inocentes.
Entonces nada está caro, todo es especulación, que eso
quede claro. Hace poco en otra ciudad como alguna vez lo hago, después de un
compromiso cumplido, me di el gusto de servirme un plato especial, pero cuando
ya el plato estaba servido delante de mí, noté que ya no era especial como seis
meses antes, parecía más comida preparada para perros, perdiendo su esencia
alimentaria, me dejó sinsabores; y su precio, por oír aquello casi me da una
trombosis, casi me voy de cabeza para atrás. Más del doble de cuando era en
tiempos antes.
―¡Es el precio
especulado? ―pregunté sin tapujos
en la boca.
―No, la carne está
caro, por eso el nuevo costo del plato ―fue la respuesta inmediata, de aquel quien a la vez me
observaba con extrañeza.
―No, la carne no está
caro, más bien especulado, es la descripción correcta. Y usted es cómplice, es
coactor de esa especulación ―También fue mi directo
increpar, dejándolo paralizado sin poder decir una palabra más él ante su
acción.
Después de todo, y con el mal sabor del plato me alejo de
aquel sitio, con la firme determinación de nunca más volver por ahí. Al final,
quien especula, es el que pierde en el momento indicado, la ley de la vida es
así de simple.
Y esa es la realidad en todos los ámbitos que aglutina
sociedades. Nada está caro, más bien especulado, apoyados en recursos barajados
por aquellos los privilegiados, quienes para los del común han creado
imaginarios desestabilizadores, al punto de generar convulsiones en
conglomerados humanos, paranoias de descontrol en familias enteras.
Son estos, los frutos de aquel imponente sistema de
competitividad, pisoteando la sana complementariedad, esta que pregonaba don
Pedro, el hacendado cuya historia se narra en el libro, siempre con visión de
integrar a las masas en comunidad, no específicamente apoyándose en un régimen
político del momento, sino en su propia ideología, su propia filosofía de sana
doctrina. Así como lo hizo también el Maestro Nazareno, el Hijo del Hombre,
hace más o menos mil novecientos años antes que don Pedro naciera.
Los frutos del sistema individualista y su filosofía de
competitividad, nos está llevando a una catástrofe sin remedio, sin retorno a
una sana convivencia; y quienes son de esa deformada filosofía nos quieren
hacer creer otra cosa, nos quieren hacer ver que el culpable es el sistema de
gobierno, quien impuso su régimen, este que en parte, sí, también tiene algo de
responsabilidad, por no saber poner freno en su debido momento a aquellas
ambiciones avasalladoras del poder económico. Más bien les dio rienda suelta
para que cometan sus fechorías económicas; y ahora llegamos donde no debíamos.
Si don Pedro fuere de esta época, estoy seguro que
escupiría en el rostro de aquellos oportunistas, incluso de quienes gobiernan,
como lo hizo en aquel tiempo en su época, y esa rebeldía le costó la vida.
Estoy seguro que a los especuladores, una vez más estos que nos quieren hacer
creer otra realidad, los haría bailar descalzos encima de lo que son sus
haberes de competencia, estos colocados sobre espinos, o encima de piedras con
filo, para que de esa manera también sientan el dolor que causan en las familias,
para que de esa forma aprendan a llorar con los más vulnerables en la sociedad.
A la par de repudiar aquel sistema, con el cual nunca estuvo de acuerdo por ser
como es.
Cuando me acuerdo de don Pedro, también recuerdo al Maestro
Nazareno en una situación casi similar, Él enfrentándose a mercaderes
oportunistas, seguro muchos de ellos también especuladores, lo peor de todo,
asentados en un lugar sagrado, ¿Qué hizo entonces aquel Maestro? Los repudió,
volcó sus haberes comerciales, haciéndolos bailar sobre lo que tenían. Eso
mismo haría don Pedro desde su filosofía a estos especuladores de ahora. Eso
debemos hacer quienes sabemos discernir la realidad; yo, lo hago cuando es ocasión,
como sucedió aquel día del plato sinsabor.
En otros momentos, en posición de burla, se me ocurre
preguntar:
«¿Cuánto es el costo especulado» Cuando tengo la necesidad de obtener algo
que me urge. Quien me escucha, con la mirada paralizada, solo se calla. Mejor
así, porque ambos evitamos la languidez.
Ahora mismo se escucha esta expresión: «LOS PRECIOS ESTAN
POR LAS NUBES». Incorrecta esta afirmación. Mas bien <LOS PRECIOS ESTÁN POR
EL COSMOS>. En poco más y seguro llegan a Andrómeda.
Es veinticuatro de octubre, ya cuando el reloj marca veinte
horas con quince minutos, (20:15). Como antes dije, me encuentro haciendo hora
en la terminal terrestre de la ciudad de Potosí, en otros quince minutos más
sale el bus que me llevará de regreso a mis aposentos en la ciudad de los
valles cochabambinos, ¿saben cuánto es el costo del boleto? Dos veces más de lo
normal, sobrepasado de lo permitido y nadie dice nada, menos las “autoridades
llamadas por ley”, el ente fiscalizador de este sector. No me queda otra más
que aceptar y con ello conservar mi paz en su integridad, cuando sean otros
tiempos, seguro recuperaré ese robo de frente; entonces nos vemos allá.



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