Terminando en nada
Muchos de ellos quienes conocen los caminos por
donde he recorrido, seres humanos con los que de tiempo vuelvo a encontrarme,
al mirarme se enternecen, sin encontrar descripción a su más sincera intención
de manifestación, después de todo coinciden en la misma expresión.
—Estás desapareciendo, ¿qué te está pasando? —Sin
dudar me preguntan.
—Por atajos del olvido es que ando —mi simple contestar surge de inmediato—. Y es seguro aquello el motivo de mi desaparecer.
—Estás desapareciendo ¡Y eso a simple percibir de
ojo humano no es para nada normal! Ese acontecimiento debe de inmediato
cambiar. Regresa al camino normal, reaparece en sentido formal.
Escuchar aquello se me es extraño, entonces de
inmediato camino y me paro frente a un espejo, me miro en él y es verdad,
siento que poco a poco desaparezco. No puedo resignarme, busco una translación
distinta a aquel comentario, “especie de segunda opinión”; para convencerme, me encamino hacia el arroyo y sus aguas cristalinas
que corren por él, al observar mi reflejo, noto cómo me voy difuminando, para
finalmente solo desaparecer, terminar en nada.
¿Qué me está pasando? En verdad y una vez más se me
hace muy extraño esta experiencia. ¿Aún existo? ¿Todavía logras palparme? ¿O
también se te es complicado divisarme?
En esa confusión, como muchas veces, retumba mi
cabeza, además de sentir horrible dolor en mi pecho, mi corazón a punto de
explotar, con punzadas parecidas al de un puñal, en esta oportunidad como si
alguien me indujera forzosamente a una muerte, a una, pero en vida. Eso sí es
palpable, quien discierne seguro entiende. ‘Muerte inducida en modo desaparición’. Por tercera ocasión, extraña manifestación en esta
inesperada transición de ser y no ser, de verme y no creer en mi propia
desaparición.

No hay comentarios:
Publicar un comentario