En Quillacollo
Por Johnny Fernández Rojas
Periodista y gestor cultural
En ocasiones de cumplir una gestión, generalmente, en ámbitos públicos y privados, se suelen hacer evaluaciones y valoraciones de las acciones emprendidas.
Los medios masivos, casi con habitual práctica, ensayan e inclusive identifican personajes y hechos, que caracterizarían a la precedente gestión. Estos en algunos casos, generan cuestionamientos; y en otros, son acreedores a calificativos de evidente reconocimiento.
En Quillacollo desde la asunción del alcalde Héctor Cartagena Chacón, al cargo de alcalde, los desaciertos y la ineficacia operativa y administrativa, se constituyeron en los sustentos visibles de su periodo.
En el inicio de la administración municipal, esta autoridad enarboló la frase “Hechos y no palabras”, que prometían evidentemente ello, y un considerable porcentaje de la población quillacolleña, le creyó.
Pero en la práctica, resultó diametralmente lo opuesto. Es decir, que se impuso la pedantería, la petulancia y lo pueril, hasta hacer un sello de su permanencia en el ente edil y acuñar la frase: “palabras y no hechos”
En la etapa prelectoral, también Cartagena Chacón, insistió en conducir el aparato edil, con un personal técnico y administrativo, que sería “lo mejor que tenía Quillacollo”. Al respecto, en casi media década, se observó simplemente improvisaciones, cuyo evidente resultado es también simple: favoritismos.
Referente a las obras, esta autoridad exaltó, en un tríptico distribuido hasta en los confines del municipio, antes de posesionarse en el cargo, cuyo contenido, fue ilustrado por el periódico “Opinión” de ese entonces, a través de una entrevista. En ella, se envaneció con las siguientes apuestas:
1.- Renovación del sistema de alcantarillado; en la práctica, algo se emprendió de manera parcial, el resto lo abandonó.
2.- Creación de una empresa municipal de la basura. Al parecer, esa inquietud, porque sólo hasta ahí llegó esa promesa, con probabilidad encontró su destino final, algún basurero.
3.- La construcción de un hospital de tercer nivel. Nada, aún se debate uno de segundo
4.- La construcción de un paso a desnivel en la rotonda de la calle Antofagasta para descongestionar el tráfico vehicular. Nada, el flujo vehicular, sigue como ha estado, por lo menos, en estos últimos 50 años.
5.- La construcción de tres nuevos mercados en las zonas norte, central y sur. Nada, los que existen, hacen esfuerzos para evitar su inmolación.
6.- Creación de la Universidad Metropolitana del Valle Bajo. Nada. (Al respecto, la Universidad Mayor de San Simón, a extrema presión social, de las instancias quillacolleñas, habilitó tímidamente tres carreras; recuperó otra, que la mantuvo abandonada, y a la otra, pretende fortalecerla, después de casi un cuarto de siglo de funcionamiento, y sin mayor impacto).
Al margen de estas, ahora consideradas memorables jactancias de alto fingimiento, el desarrollo de Quillacollo, no encuentra rasgos de evolución, más bien, la involución hace notoria su presencia.
Definitivamente, se carece de un Plan Estratégico de Desarrollo, instrumento vital para administrar la Alcaldía y preparar a una población para un hábitat apropiado para este tiempo. Un intento a ello, se tanteó a inicios de este periodo municipal, pero ni siquiera el personal técnico, lo conoce. Curiosamente, su fecha de vencimiento, se aproxima.
Por otra parte, una vez más se postergará el contar con una Carta Orgánica Municipal, porque el Ente deliberante, que es el responsable de ese, casi único trabajo, marca el compás con el Ejecutivo, es decir, con pasos equívocos y con desgano, deambulando estéril e improductivamente, en estos más de cuatro años.
Consecuentemente, con estas puntualizaciones citadas, se colige que, en el municipio de Quillacollo, “las palabras y no hechos”, representan la característica o más bien, el hecho trascendental de este casi media de década de permanencia de Héctor Cartagena Chacón, en la maltratada y devaluada administración municipal.
Seguramente, la historia la evaluará, y con mayor rigor, a este premeditado vejamen hecho a la población. Y similar tratamiento también merecerán, las instituciones (Control Social, Comité Cívico y otros), que dicen ser representativas de la población, en las que sólo se advirtió su rol de estar adheridas como “estampillas”, en el proceso de ultraje quillacolleño.
Finalmente, la apuesta hecha por Cartagena Chacón, al inicio de este periodo municipal, la esta perdiendo, y Quillacollo, la perdió una vez más.
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