Suceso inesperado
Día después que iniciara este año en el que vamos, de repente me interesó un par de temas que jamás pensé tocar, a la par de ser sobrecogido por un sentimiento y sensaciones de . . . Ufff . . . , no sé cómo explicar esto.
Día después que iniciara este año en el que vamos, de repente me interesó un par de temas que jamás pensé tocar, a la par de ser sobrecogido por un sentimiento y sensaciones de . . . Ufff . . . , no sé cómo explicar esto.
Extraño me siento, porque
una vez más la señora ésta con sus atuendos pudorosos hace unas horas me
flirteó por quinta ocasión solo en este año.
Recuerdo que la primera vez se manifestó con su coquetería justo cuando el año marchaba en sus primeras horas del día uno, fue fatal su manera de manifestarse aquel atardecer de domingo.
Con detenimiento observé aquel acontecer
efímero, la paloma enviada por el elegido se posó en el balcón de la justicia,
justo en el estante de mi paz interior.
Lo que fue signo revelador de un devenir
distinto desde ese momento para mi alma, para mi corazón que poco a poco va
sanando.
En su blanco cuerpo vi lo puro habitando en
el ser, en mi identidad única, además sagrado gesto de abrazo cósmico, de
caricia solar purificador en este año que acaba.
Para mi familia universal, un abrazo solar y
deseos de buenaventura en el nuevo año que está pronto a comenzar.
Y otra vez la pregunta: ¿Quién pudiera imaginar que esta tormenta catastrófica, aquel gigante invisible se saldría con la suya?, con su capricho de generar estragos, originar psicopatía en los hombres; al menos así fue cuando en marzo del año dos veces veinte llegó aquella silenciosa tempestad.
De ahí aquí han transcurrido muchísimos años, para mí, una eternidad, un recorrido sin final ¿sabes? Siempre quise volver a saber de ti, muchas veces te busqué por lugares donde frecuentábamos, aquella plaza, la esquina de las palomitas de maíz aquel atardecer, ¿recuerdas aquella rotonda cerca de donde vivías? Ahí me consolabas, me animabas; ahí volví a buscarte y no te hallé, muchas veces solo me senté en esos lugares para consolarme no con otro sino tus recuerdos que los mantenía vivos cuando mi corazón se encontraba triste, o mi ser en penuria, cuando solo necesitaba un abrazo, uno en especial tuyo.