Besarte en el tiempo
Aún
recuerdo aquel mágico amanecer,
escenas
de aquel majestuoso atardecer,
el
brillo de aquella estrella fugaz al anochecer,
todo
recuerdo y parece que fue ayer.
A veces veo en las calles a hombres de la tercera
edad, desaliñados, con los ojos hundidos, mirada corroída, incluso la ropa
hecha girones, sentados en un rincón, con las manos extendidas y rostros de
tristeza, los ojos como que lagrimeando, pidiendo no otra cosa sino limosna,
clamando con voz apesadumbrada y entrecortada, por una moneda que un alma
piadosa les pueda dar.