Con el cadáver bajo mi responsabilidad
Todavía no asimilo el
acontecimiento de aquel amanecer, desde tarde anterior y por toda la noche se
desarrolló el velorio, todos quienes acompañaron en aquel acontecimiento, se
veían más o menos apesadumbrados por la irreparable pérdida de un ser . . .
poco querido, de un individuo poco apreciado cuando en vida era.
Extrañamente esa misma noche del velorio, aquella quien fue ingenua, obsesiva, ella que poco o nada asimilaba sobre lo que pasaba en su hogar disfuncional, pierde la llave de uno de los cuartos. Le urgía encontrar, porque de eso dependía dónde guardar cosas utilizadas solo alguna vez. Por buscar, o por lo menos intentar recordar dónde, en un segundo la había dejado, no asistió al velorio. Encontrar aquella llave surgía a ser más importante que acompañar en el velorio de los restos mortales de alguien que, tenía que ver mucho con ella, era parte de su vida hasta hace un par de meses antes, su exesposo.




